"El amor no es como lo pintan" de Alejo Serna: reseña y crítica

David Rincón*

Reseña.
María del Mar, creyente acomplejada, desea ser feliz con o sin amor. Enoc, hippie alocado, quiere eliminar de su vida todo el dolor. Linda, el trío perfecto, se quedará en tu corazón. Una ciudad en caos es el escenario perfecto para remendar los retazos que completan esta historia. Muerte y satisfacción en la misma balanza. Romance y obsesión en el mismo plato. Colores y objetivos diferentes. Una pintura que no podrás borrar de tu mente. 
Te hará llorar, reír o ambas, da igual, después de estas páginas, tu vida no será tan normal. 



Crítica.
Cuando terminé de leer “El amor no es como lo pintan” del escritor manizaleño Alejo Serna, el primer pensamiento que llegó a mi mente fue “¡Mierda!”. Por un lado, recordé las palabras de Mario Vargas Llosa sobre El código Da Vinci de Dan Brown[1] y me di cuenta que me había dejado embargar por una “novela ligera”, como la llamaría Vargas Llosa. Eso es lo primero que estoy dispuesto a defender: “El amor no es como lo pintan” es una novela ligera, una novela light. Está cargada de emociones, de sentimentalismos, su trama es pintoresca y no da lugar para la interpretación. Me parece a mí que ese es su mayor defecto: le dice todo al lector, lo vuelve un sujeto pasivo que sólo espera recibir información.
Sin embargo, no quiero que aquí se me malinterprete. Que sea una novela light no es, necesariamente, algo malo, pero mi primer pensamiento fue “¡Mierda!” porque la novela está llena de detalles que hubieran podido ser aprovechados mucho mejor. El final está cargado de un choque emocional muy fuerte que, aunque deja una sensación de pánico al lector, hace que se hayan desperdiciado muchas páginas a lo largo del libro. Me recordó a una de las películas de la saga de Saw, donde todo se resuelve en los últimos cinco minutos de la película. Aquí pasa lo mismo: a lo largo de la novela se dejan una serie de hilos sueltos que, al final, especialmente en las últimas dos páginas (una carta de Linda a Mar), se resuelven abruptamente. De nuevo: no se me malinterprete. Lo malo no es que todo se resuelva al final, lo malo es que no se aprovechen las páginas anteriores para soltar datos que pongan a pensar al lector, darle pistas para que ellos mismos resuelvan el puzle. El final es muy bueno, muy bien pensado, pero pudo haber sido trabajado mucho mejor.
Sin embargo, no me quiero centrar sólo en lo malo. La novela está bien escrita, mejoró bastante de la primera a la segunda edición, es moderada en la relación entre la historia y su definición de amor, es equilibrada en el uso de las redes sociales y, a excepción de unos cuántos párrafos, no es aburrida (debo admitir que, si se le quitaran unas 50 páginas a la novela, sería mucho mejor). Además, es fácil de leer y, como cualquier telenovela mexicana, engancha y hace que uno se emocione leyéndola.  Creo que vale la pena leerla, tanto que la leí dos veces: la primera edición y la segunda. La descripción que hace de Manizales y del amor es muy cruda, pero real. Cumple con su propósito: mostrar que el amor no es como lo pintan.

Lo mejor: el final.
Lo peor: algunas escenas sobran y hacen a la historia un poco tediosa.
Personaje favorito: Linda.
Personaje más odiado: Débora Daza.
Mejor escena: cuando Linda muere (y en los capítulos siguientes se siente el vacío de sus conversaciones con Enoc).
Peor escena: cuando Mar se va a Noruega.

Calificación: 3,9/5






* Administrador de empresas, profesional en filosofía y letras, y candidato a magíster en Filosofía de la Universidad de Caldas. Escritor novel y crítico literario por hobby. Su primera novela: Condorcet o el arte de mentir.
[1] “Hoy en día está de moda un tipo de novela ligera, light. […] Si El Código da Vinci al final a ti te produce un extraordinario placer y lo que buscas son obras que sean equivalentes, entonces tú nunca vas a poder leer el Ulises de Joyce, nunca vas a leer a Proust, ni vas a gozar con Borges. Yo creo que esas otras lecturas en cierta forma te vacunan, así como las telenovelas te pueden cancelar completamente la sensibilidad para gozar de un tipo de teatro de gran refinamiento, por ejemplo. Porque esas obras, algunas muy bien hechas, que te capturan la atención muy rápidamente, son obras descomplicadas, que no ponen en ejercicio tu inteligencia ni tu capacidad de raciocinio, que no te plantean dudas o problemas. Son una agradable ensoñación, casi como tomarse un tranquilizante: te descansan, te sedan un poco, pero eso crea lectores pasivos, lectores que son los espectadores de telenovelas. ¿Qué inconveniente tiene eso?: que rápidamente puedes llegar a descubrir que si eso es lo que te interesa, entonces ¿para qué leer? Hay un cine, una TV que te da eso mismo. La buena literatura necesita lectores que sean activos, que estén dispuestos a enfrentarse a la complicación, que trabajen codo a codo con el autor, con su imaginación, con sus conocimientos, para poder disfrutar cabalmente la obra. Cosas como El Código da Vinci están totalmente reñidas con eso, es una literatura de otra naturaleza.”

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